martes, 22 de enero de 2013

Soplido Cósmico

Refugio de un huracán ventisquero, ahondo en sus profundidades como el precursor sustentable que al friccionarse, genera una chispa que repta en un líquen azul, productor simbiótico de mis ardientes simplezas. Respetuosamente invoco a las Nereidas a que me guíen hacia el epitafio de mis paráfrasis lobulares.
Irrestrictamente, me anclo en un substancioso dulce néctar que aprovecho su díscolo estilo, animosamente no excluye la saturación salitrosa de mis amperios inversos. Es como una restricción fisinómica para la pubertad de los subsiguientes destellos de vergeles profundos, profusos e incólumnes, como la sanación del edipo y la reconstrucción del placer frenético. Así el ecuménico sembrador de semillas de Araucarias podrá resembrar el lecho de los mares muertos por la indiferencia amorosa, candente de olvido y de ausencia ambigua por parte del comercio de almas, en un nivel donde cualquiera se eleva por sobre sus hombros y esquiva la oportunidad de ser un ecléctico Ser, pero la novedad está en que ni siquiera yo podría resquebrajarlos, barajarlos y darlos de nuevo. Son como cartas, sin el Ancho de Espada, el Ancho de Basto y el 4 de Copas. La simultaneidad de ideas para jugar a las cartas no natales, sin estas figuras, me hacen ser mas ambicioso con mi proyecto de der polivalente, ambivalente y locuaz.Un subflujo de la energía positrónica, donde ahí sí, mis amperios vuelven a tener validez, reconvertirme en un Alma con estilo, buscar esa Alma que se pasea en mi búsqueda y juntarnos para la fragmentación universal y el mazo de cartas estar completo. 
Como debería ser, el Universo: amplificado, reconstituído, rearmado y completo. Aún, en base a ciertas nomenclaturas idílicas que recrean como algo vago y sin forma. Nosotros, lo refutamos, lo pintamos y lo devolvemos para completar el ciclo vital con el agregado de la experiencia amorosa sin fisuras como ya lo fue y se despertó, haciendo que la complicación viril sea mas tenue de los que se pretendiera y explicite las formas veraniegas de un León sin cola y sin pelo.
Esto, no pide ser magistral pero si uno colabora con el plan de elaborar el cielo como una pendiente hacia el color infinito, reemplaza cualquier algoritmo sin sentido y florece la emoción simbólica como florece un Cardo. Y así dispersar sus semillas del amor real, lujurioso y elemental con ayuda del viento como un soplido cósmico de algún creador. Como puede ser cada uno de los seres no elementales
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