sábado, 4 de mayo de 2013

Olvido de la profunda acción somnolienta




Los histriónicos sonidos pubereanos fueron como la somnoliencia cadente de una mente sin recuerdo, donde Oblivión  reside y dirige algunas de mis más extremas conductas olvidadizas, donde la languidez amorosa es felizmente coronada y sustrae mi alimento cósmico para reestatizar los benévolos e incógnitos sustentos, como la refinanciación de las deudas kármicas, una preponderancia hacia la sugestión que sucumbe ante el ruido en un mensaje noticioso sin que en el éter pueda autoflagelarse el inconciente y se exprime el cerebro substancioso de un ser trémulo copiado y pegado de una base de datos preexistente  que aligera el sin fin de sustentación autoempática sin especulación de retratar las genialidades de no estipular la desmalezación de un cuerpo oscuro que amplifica la reubicación de cloroplastos y blastocistos que arquitectan un pista demorada del plan de vuelo de un copiloto ciego, donde el estudio aéreo es un dominio afirmitativo, un expreso indomable que da una solución al quehacer doméstico, sospechosamente ridículo que refiere al gravámen alucinógeno que succiona enérgicamente el dolor, como un bebé succiona a su madre, y su dinastía complica el primario azul de los nichos materiales, así voluptuosamente, estorban estridencias estriadas que suplican por la inocencia eterna de un recordatorio prófugo de acción.

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