martes, 25 de junio de 2013

Levitando al pseudo universo psicoanalista



Caprichosamente, las felonías de los caminantes lunares no son más que una fachada para celebrar las abrasivas eutonías que implican un saber austero, en donde existen números para sacar turno de la indulgencia, un frenesí pragmático y escatológico, donde su idioma es regido por onomatopeyas en una mesa, donde no se come ni se bebe, ni se trabaja, sólo se observa el estado de bienestar, con una parsimonia donde el deseo  es una palabra y no un eje psicoanalista, donde los padres, la niñez trunca y la frustración del Ser son negadas categóricamente produciendo un colpaso del Yo, masculinizado, avejentado e indisoluble, como un ahorro de las palabras en representación del goce, cuya psicomagia está unida a una represión donde ni Dios, Buda, Freud, Lacan o el Maharishi podrían responder a tal categorización, sin antes ajustarse a las etapas del desarrollo para demostrar que es solamente su etapa oral, diversificando el mustio placer de esgrimirse en un placer menor. Sólo así podrá entender como alguien sube y baja su autoestima sin que la fragmentación del ser sea aplicable para los traumas precursores de la vida, cuyas esporas se disipan para generar otra carga caprichosa en la psiquis que cuando logre alejarse de cualquier eventual dogma y el ser práctico evolucionará al necesitar el desdén maternal y transformarse en un ser completo, elocuente y artero, sin vestigios psicosomáticos apremiantes por el universo esquizoide y maníaco depresivo, coyunturalmente opuesto a la intensa búsqueda del ser magnífico no oculto, dolorosamente feliz y despechado a niveles budistas como una sinopsis subfluvial, retórica, armónica, sin pedanterías para la elevación conductual.