lunes, 16 de septiembre de 2013

Iluminado por la tosudez lumínica

La lámpara de mi mono, es como un señuelo pescador que busca el pez menos angelical del mar, pero aún no se sabe si es de mar, río o eléctrico. Lo que se puede sospechar, es la falsedad con que se lo puede encontrar chisporroteando como un gen latino que jacta de bailar salsa sin ritmo acústico, una sensación tan banal que desprograma la fastuoso ingeniería de mi cosecha tardía de vinos incendiarios. Un telegrama cortado por la suspensión de partículas fétidas que me operan las gargantas del epicentro de mi cuello neural. Es fascinante saberlo porque requiero pocas baterías AA para cargar el dolor de repuntar la sencillez de mezclarme con otra alma para interactuar como si jugara al Póker sin diamantes, porque han sido vendidos para saldar deudas de cosmopolitas seres neutrales y no poder diagramar la sintaxis ríspida, un ecológico y latente suspenso de ansiados periodistas que poseen cámaras neutrales, sin flash y con una lente que capta hasta el occipital y arcáico sentido de la desnudez con sentido dramático, el espeluznante ciclo de una retórica ecléctica, el hornamentar la falsedad como un señalador sin libro donde marcar la hoja releída y borroneada.
Es un estilo más apremiante pero el negocio de la neglicencia por necesad es un recurso tan amplio que se puede ser honrado a la hora de mentir verdaderamente.



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