miércoles, 31 de diciembre de 2014

El deseo frustrado del deseo pasivo

Como un paso constante de la vida, un año que se va es la muestra de un pasado-presente-futuro en constante movimiento que surge en base a que el Universo es algo caótico, algo ecléctico y algo sádico, por el hecho de estar en constante movimiento complicando así, el eterno deseo de estar quieto por un algo que no existe (existió), la base fundacional del deseo apegado, melancólico y lastimoso. Es así, que el necesario hecho de sobrevivir como se pueda a la superficialidad temporal es como un no sentir de los sentidos, absortos por el plan de no pensar propiamente dicho y ejemplificarlo con pseudodeseos que no son claros y poco ortodoxos, puesto que el mero hecho de sentir melancolía frena la actitud de combatirse a si misma para ganar como siempre que el deseo no temporal explore el inconcebible deseo de no perecer como una llama de gas sin presión y poder enlutarse en la vorágine findeañera de un mundo poco sorpresivo y estéril, como una visión nihilista de la vida, pregonando la autosatisfacción individual poco alegre. Entonces el sustituto deseo de invocar las variaciones necesarias para regular un propio pensamiento no individual es lo que genera hacer balances improductivos que solamente tapan la realidad de ver un futuro que no se deja oprimir y poco seguro para ir por el clásico camino y / o seguir cultivando la quintita de la frustración.
El año se va, se va el deseo poco gobernado y la aproximación futura de un futuro aburrido y tapado de negaciones para emprolijarse como un ave cuando limpia sus alas.



sábado, 5 de julio de 2014

Desprevenidamente existencial

La parafernalia de enrostrar la misticidad implícita del pavor oriundo de una negación autista, como el vaciamiento endémico de un suspenso no indulgente que repercute como el etéreo marxismo no covencial y salvaguarda la identificación de la redención del dogma no convaleciente por un sismo de magnitud viril, posiblemente como causa natural del paroxismo neutral del poder de la salinización del alma. Aún así es posible que el resquemor batido de la sensiblería cursi sea la creciente remasterización del Ser porque puede que abarque la conductividad maliciosa y rememore la cualidad menos confusa que es la moralidad desvariada. Aún así, la felicidad de maniatar los voltajes del dolor es inmensa siempre y cuando la visión no sea apagada por la falta de luz inmortal que se ejecuta en base a la denodada acción del incierto y drástico ladino que sufre cuando viaja como un inmoral polizón, porque reniega de la exactitud del sigilo al cabo de unos meses de situaciones andróginas y puede que llegue a lamer la suela del zapato despuntado y así, lograr la fermentación diagonal del designio de los prudentes y aligerados maestros de ceremonias que no mostrarán sus mejores formas para disfrazar los momentos menos angustiosos del reino vegetal anacrónico. Un anagrama valvular de la retención de su propio existencialismo.


sábado, 17 de mayo de 2014

Despedida del Amor maravilloso

El "adiós" de ese amor es la mayor tristeza que dos almas pueden tener, la tristeza en el estado más puro, donde hay tanto dolor que ni salen las lágrimas. Ese "adiós" que se sabe que no es para despedirse en la parada del colectivo, sino que uno no sabe cuando será el reencuentro, es ese "adiós" en el que no se acariciarán, besarán, abrazarán y amarán por un tiempo, un tiempo tan doloroso que se permanece quieto esperando por alguna sensación más pero solamente hay dolor.
Ese "adiós" a ese gran amor, donde han compartido la vida misma, en momentos épicos, mágicos y no tan buenos, pero sabiendo que ambos dejaron una huella y que será muy difícil que se vuelva a repetir con alguien más.
"Adiós" se dijeron y ella se fue sin mirar atrás y él espero que ella se desvaneciera en la niebla del adiós amoroso y así llorar, como jamás lloraron y esperar, tal vez, una vuelta, sabiendo que ya no serán los mismos.
Y ambos dijeron la misma frase al despedirse: "Te amo".



martes, 1 de abril de 2014

Tristeza simple pero dolorosamente hermosa y amante

Tristeza mundialista de un final menos anunciado que el del amor, es un síntoma de que el hecho de poder no razonar por el egoísmo que implica desenfrenarse, en parte por culpa de la observación nefasta de un sueño apócrifo y que resuena en mí como si no hubiere visto su alma, que adquiere la vivencia de un sentimiento tan profundo que no existe definición.
No puedo dejar de existir sin que se vaya a cumplir con su visión de la vida original y pueda serpentear en el mundo lánguido tratando de ayudar a no sucumbir en los momentos menos gustosos y aunque innecesariamente su música sea expuesta para ser escuchada sin notas, su escencia es primordial, haciendo generar suspiros de vida y organizar la suculenta forma de amar sin la condición del egoísmo natural. Por lo tanto, la tristeza es menos efectiva y solo sirve para redescubrir el camino de la solución y poder engendrar el nuevo universo propio que difiere del estancado mundo populoso.


domingo, 30 de marzo de 2014

Espera surrealista de la foto-vida instantánea


Como la idealización perfecta de una foto instantánea de una vida instantánea y etílica, donde la novedad  es vieja y la vejez es cultural, aunque edípica como sustentación de una vida azarosa y de un encolumnamiento radical, donde una conducción premium de una vida outlet es como un restaurant sin postre y sin café, donde el negocio es la nada misma en el camino del piquete espiritual, una profunda exigencia prudente para así extrapolar el método culposo y graficar recuerdos arenosos, como una vocación tan austera que ni siquiera se sueña para no usar demasiado el cerebro primitivo, que no emplea palabras y es el verso número cinco de "Algunas Bestias" de Pablo Neruda y así, la sala de espera de la vida no tiene fotos de la espera de un solsticio tardío, como si por un puente derruído extremara sus pasos, para escindir la cualidad dispensaria aforística y del perdurar del sobrenombre como un evento inherte y aparente.


viernes, 14 de febrero de 2014

El observador del desparpajo imprudente




Las glorias del desparpajo que genera un corazón a punto de llorar, emplea la culpa como necesidad autosustentable para estigmatizar la decencia de enfrentar hechos poco fortuitos como una sensación de caridad que otorga la valoración del Ser, sin que la propia erificación monumental de deidad expele la comprensión del zigzagueante camino de vuelta a la comprensión de fábulas amorosas y así muchas analogías son menesteres para la apropiación individual del monoteísmo del amor, preferentemente en pos del cuantioso y desatendido valor natural de expresar el enojo del destino desinflado, cuando el enojo es como un ensueño desdichado pero puede rebotar hacia arriba como una pelota de goma y golpear en la cara del que se cruce, así estaría sórdidamente acompañado y su figura es como el castillo de naipes pero como si la asimetría es más buscada en el sentido del microcosmos de nuestros átomos. Aparte de generar el zarcillo que lo sostenga para no proteger infernales diástoles, en un sigilo de preseparación que anhela la lentitud de consensuar unos dignos y meritorio zanjones en el corazón y subsidiar el eterno razocinio de especular con la validez mental que surge como parte de la aniquilación momentánea de la luz y estorbar para reclamar derechos por la sucesión del genoma que no se explica como un gran dadaísmo sino con un expresionismo puro y fulgurante.

sábado, 25 de enero de 2014

La eterna búsqueda de Gaia


Memorias pensativas de una silueta de cuya fémina es el indicio de una majestuosidad digna de Gaia. Su apotéotica femeneidad es el motivo por el cual, cualquier hombre (de cualquier planeta) descubra su propia masculinidad solo por la existencia de ella, con una promisoria emoción que aprovecha la sensatez de completar el eterno camino de la saciedad, en un perfecto y armónico juego de seducción donde se deduce que se implora aplomamiento de sus más ansiados placeres.