martes, 1 de abril de 2014

Tristeza simple pero dolorosamente hermosa y amante

Tristeza mundialista de un final menos anunciado que el del amor, es un síntoma de que el hecho de poder no razonar por el egoísmo que implica desenfrenarse, en parte por culpa de la observación nefasta de un sueño apócrifo y que resuena en mí como si no hubiere visto su alma, que adquiere la vivencia de un sentimiento tan profundo que no existe definición.
No puedo dejar de existir sin que se vaya a cumplir con su visión de la vida original y pueda serpentear en el mundo lánguido tratando de ayudar a no sucumbir en los momentos menos gustosos y aunque innecesariamente su música sea expuesta para ser escuchada sin notas, su escencia es primordial, haciendo generar suspiros de vida y organizar la suculenta forma de amar sin la condición del egoísmo natural. Por lo tanto, la tristeza es menos efectiva y solo sirve para redescubrir el camino de la solución y poder engendrar el nuevo universo propio que difiere del estancado mundo populoso.


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